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LECTURAS MOTIVADORAS

SENDERO A LA FELICIDAD

 Un viejo rabino preguntó cierta vez a sus alumnos cómo podían ellos   decir que la noche había terminado y que el día había comenzado.

¿Podría ser –preguntó uno de ellos- cuando al ver un animal de lejos, se puede decir si es una oveja o un perro? “No”, respondió el rabino.

Otro preguntó: ¿es cuando al ver un árbol de lejos, se puede distinguir entre una higuera y un peral? “No”, respondió el rabino.

¿Entonces ¡cuándo es?”, preguntaron los alumnos.

“es cuando puedes mirar a cualquier hombre o mujer y ver que es tu hermano o tu hermana. Porque si no puedes ver esto, aún es de noche”.

Cuento Hasídico

 

EL PODER DEL PENSAMIENTO

Si  piensas que está vencido, vencido estás;

Si piensas que no te atreves, no lo harás;

Si piensas que te gustaría ganar, pero que no puedes, no lo lograrás;

Si piensas que perderás, ya has perdido.

Porque en el mundo encontrarás que el éxito comienza con la voluntad del hombre.

Todo está en el estado mental.

Porque muchas carreras se han perdido antes de haberse corrido y muchos cobardes han fracasado antes de haber su trabajo empezado.

Piensa en grande y tus hechos crecerán, piensa en pequeño y  quedarás atrás.

Piensa que puedes y podrás; todo está en el estado mental.

Si piensas que estás aventajado lo estás; tienes que pensar bien para elevarte.

Tienes que estar seguro de ti mismo antes de intentar ganar un premio.

La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte o el más ligero;

Porque tarde o temprano, el hombre que gana... es aquél que cree poder hacerlo.

Dr. Christian Barnard

 

 

CARTA A UN PROFESOR 

Maestro, a ti me dirijo. Tu que has de pulimentar mi alma y moldear mi corazón, compadécete de su fragilidad.

No me mires con ceño adusto. Si no te comprendo todavía, ten paciencia. No reprima siempre tu gesto mis impulsos. No te moleste mi bulliciosa alegría, compártela. No atiborres mi débil inteligencia con nociones superfluas.

Enseña lo útil, lo verdadero, y lo bello. ¡lo bello! Maestro: que mis ojos aprendan a ver y mi alma a sentir. Desentraña la belleza de cuanto me rodea y házmela gustar.

Trátame con dulzura, Maestro, ahora que soy pequeño, quién sabe los dolores que me deparará el destino y en medio de ellos el recuerdo de tu benevolencia será bienhechor estímulo. No me riñas injustamente; averigua bien la causa de mi falta y verás siempre atenuada mi culpabilidad.

Ámame, Maestro, como ama el padre a sus criaturas; que yo también, aunque no sepa demostrártelo, te amaré mucho, mañana más que hoy.

Si me enseñas con amor, tus lecciones serán provechosas, pero si no me amas, no podré comprenderte  nunca.

Cultívame, Maestro, como el jardinero a las florecillas que le dan encanto y aroma; yo también perfumaré tu existencia en el incienso perenne del recuerdo y la gratitud. Yo he de ser tu obra maestra, procura enorgullecerte de ella.

Maestro, buen Maestro, que has de dar luz a mis ojos, aliento a mi cerebro, bondad a mi corazón, belleza a mi alma, verdad a mis palabras, rectitud a mis actos. Padre intelectual, bendito seas.

 

 

LA VIDA SIN LUCHA POCO VALE

Cuando Roy era un niño, su buen y frugal padre le enseñó a divertirse con cosas sencillas. Uno de sus pasatiempos favoritos era recoger capullos de gusanos de seda y guardarlos hasta la primavera para ver salir las mariposas, cuya belleza le encantaba. Mucha lástima le causaba verlos forcejear en el capullo, antes de salir, tratando de escapar de su prisión. Un día cogió su padre una tijera y con ella abrió uno de los capullos, para dejar salir a la mariposa. Esta salió pero murió enseguida

Oye, Roy – le dijo su padre – con los esfuerzos que hace la mariposa para salir de su prisión expele el veneno que tiene dentro y que amenaza matarla. Si no lo expele muere víctima de él. Asimismo cuando uno lucha y brega para conseguir lo que quiere, se hace mejor y más fuerte; pero si todo lo tiene sin esfuerzo ni dolor se vuelve débil y hasta algo parece que muere y se apaga en su interior.

 

 

 

 

 

 

LA MUERTE NO EXISTE

A los nueve años era yo una niña impresionable parta quien el temor de la muerte había llegado a constituir verdadera obsesión. Mi angustia no escapó a la observación de mi madre. Un día que arreglaba ella unas macetas, me mostró de pronto en el tallo de una planta una mariposa saliendo del gusano.”¡Mira la crisálida!” – me dijo entusiasmada, como ante una maravilla – “Aquí está cuanto se necesita saber acerca de lo que llamamos la muerte. ¡qué tontería es temerla! ¡a una cosa que no existe!

Había tocado mi punto flaco y tenía mi alma pendiente de sus palabras. Ella continuó: “Fíjate en este animalito: antes de ser linda mariposa, en que se ha transformado, era ese gusano cuyo cuerpo estás viendo. No ha hecho más que salir, como el alma humana sale del cuerpo, y cambiar de vestido. En lugar de hundirse en la tierra va a volar por el espacio y ha ganado en belleza ¿ves qué equivocado habría estado el gusano si hubiera sentido el horror a la muerte? Su muerte era esta hermosa resurrección en una vida mejor.

El maravilloso fenómeno de la metamorfosis me llenó de tranquila emoción y alegría, porque me dió la fe en que nada muere y todo se transforma.

Juanita Soriano de Gallont

 

 

 

 

 

 

 

 

NUNCA ES TARDE PARA SEMBRAR

Había un hombre que tenía noventa años y estaba plantando un árbol. Tres jovencitos pasaron cerca. Lo vieron y corrieron alrededor de él y se burlaron. Se dijeron unos a otros: se le puede entender que haga algo con las manos para matar el tiempo. Pero... ¡plantar árboles a su edad!

El hombre continuó trabajando como si no los hubiera oído. En silencio cavó un pozo y plantó su árbol. No mucho después el anciano murió.

Treinta años después los jovencitos se habían convertido en hombres maduros, y al pasar frente a un árbol contemplaron complacidos sus frutos; los arrancaron y compartieron pero no lo reconocieron.

                                                                                                                      Liv Ullman

 

 

GANADORES VS. PERDEDORES

    El ganador ve siempre una solución en cada problema.

El perdedor ve siempre un problema en cada solución.

El ganador ve siempre una respuesta para cada pregunta

El perdedor ve siempre una pregunta para cada respuesta

El ganador hace sencillas las cosas difíciles.

El perdedor hace difíciles las cosas sencillas.

El ganador ve en la crisis una oportunidad de crecimiento.

El perdedor en una oportunidad de crecimiento ve una crisis.

El ganador ve  en el nuevo día una oportunidad de trascender.

El perdedor pierde la oportunidad de trascender en el nuevo día.

El ganador sabe que puede porque Dios lo sostiene.

El perdedor sostiene que no puede porque Dios no quiere.

El ganador encuentra en su familia un estímulo de superación.

El perdedor acusa a su familia de ser un obstáculo en su superación.

El ganador dice: lo puedo hacer hoy, antes  que sea demasiado tarde.

El perdedor dice: es demasiado tarde, no lo puedo hacer hoy.

El ganador ve campos verdes detrás de cada piedra.

El perdedor ve muchas piedras antes de los campos verdes.

El ganador siempre es parte de la solución.

El perdedor dice: es posible pero muy difícil.

El ganador piensa que su buena suerte es consecuencia de su buen trabajo.

Anónimo

 

EL PODER DEL AMOR

Un  profesor universitario envió a sus alumnos de sociología a las villas miserias de Baltimore para estudiar doscientos casos de varones adolescentes. Les pidió que escribieran una evaluación del futuro de cada chico. En todos los casos los estudiantes escribieron: “No tiene ninguna posibilidad”.

Veinticinco años más tarde otro profesor de sociología se encontró con el estudio anterior. Envió a sus alumnos a que hicieran un seguimiento del proyecto para ver qué les había pasado a aquellos chicos. Exceptuando a veinte de ellos, que se habían ido o habían muerto, los estudiantes descubrieron que casi todos los restantes habían logrado un éxito más que modesto como abogados, médicos y hombres de negocios.

El profesor se quedó pasmado y decidió seguir adelante con el tema. Por suerte, todos los hombres estaban en la zona y pudo hablar con cada uno de ellos. “¿cómo explica su éxito?” , les preguntaba. En todos los casos, la respuesta, cargada de sentimiento, fué: “hubo una maestra”.

La maestra todavía vivía, de modo que la buscó y le preguntó a la anciana, pero todavía lúcida mujer, qué fórmula mágica había usado para que esos chicos salieran de la villa y tuvieran éxito en la vida.

Los ojos de la maestra brillaron y sus labios esbozaron una agradable sonrisa. “en realidad es muy simple” – dijo – “quería muchos a esos chicos.”

Eric Butterworth

 

 

Y DIOS LLORÓ

Una famosa periodista había entrevistado a los personajes más famosos del mundo, artistas, políticos, escritores, gobernantes, inventores e ingenieros. Le apasionaba la vida de aquellos que más habían influído en la su comunidad o naciones. Y su pregunta más categórica era aquella que enfrentaba a estos personajes con sus propias obras.

Un día de camino a la oficina le dijo su redactor que siempre había soñado con entrevistar al mismo Dios y hacerle la gran pregunta de su vida, la cual estaría relacionada con su obra máxima: el hombre.

De pronto se vió envuelta por una gran luz en medio de un torbellino.

-         Para, me dijo. ¿así que quieres entrevistarme?

-         Bueno, le contesté, si es que tienes tiempo ...

Se sonrió por entre la barba y dijo:

-         mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo ¿qué pregunta quieres hacerme?

-         Ninguna nueva ni difícil, para ti: ¿qué comentario te merece el hombre a quien creaste  a tu imagen y semejanza?

Un poco entristecido, Dios me respondió:

Que se aburren de ser niños por la prisa de crecer, y luego suspiran por volver a ser niños.

Que primero pierden la salud para tener dinero y enseguida pierden el dinero para recuperar la salud.

Que se pasan toda la vida acumulando bienes que jamás disfrutarán y sus hijos derrocharán.

Que por pensar ansiosamente en el futuro descuidan su hora actual, con lo que ni viven  el presente ni el futuro.

Que se pasan toda la vida tratando de ser felices y se olvidan que la felicidad no es otra cosa que la capacidad de disfrutar lo que se tiene.

Que se privan de disfrutar de sus hijos por el afán de progresar, y cuando ya lo lograron descubren que perdieron irremediablemente a sus hijos.

Que se pasan toda la vida acumulando conocimientos y títulos, olvidándose que lo único importante es el amor.

Que se pasan la vida buscando triunfos externos cuando han fracasado en el hogar.

Que se pasan la vida buscando la aprobación de los demás, cuando ni siquiera ellos mismos se aprueban.

Que se pasan la vida buscando el golpe de suerte ignorando que ésta es producto de sus decisiones.

Que se pasan la vida cambiando amigos sin comprender que son los amigos los que cambian.

Que se pasan la vida acumulando el dinero que compra todo, ménos la felicidad.

Que se pasan la vida acumulando rencores contra sus ofensores y lo único que obtienen es perjudicarse a si mismos.

Que viven como si no fueran a morirse y, sin embargo, se mueren como si no hubieran vivido.

Que lo creé para que sea feliz, pero el hombre escogió la infelicidad.

Por primera vez vi a Dios llorar...

Anónimo

 

ENCONTRANDO EL CAMINO JUNTOS

       Un hombre estaba perdido en un bosque. Había probado ya varios senderos, con la esperanza de que alguno de ellos le condujera fuera, pero todos volvían a converger en el mismo punto, justo donde él se encontraba ahora.

Aún le quedaban por probar otros cuantos, pero se encontraba cansado y hambriento, así que decidió tomar un descanso antes de coger una nueva senda.

 Mientras estaba allí sentado preguntándose qué sendero tomar, vio acercarse a otro viajero. Inmediatamente se puso de pie y gritó: ¿me puede ayudar? ¡Me he perdido! El otro hombre dio un suspiro de alivio y replicó: yo también estoy perdido. Ambos empezaron a intercambiar información y pronto descubrieron que entre los dos habían recorrido ya muchos de los caminos existentes. Ahora se ahorrarían trabajo y podrían evitar tomar senderos erróneos que uno u otro ya conociesen. Muy pronto los dos hombres estaban contándose sus desventuras con buen humor, lo que les ayudó a olvidarse del cansancio y el hambre. De esta manera continuaron su viaje.

La vida es como un bosque: a veces nos perdemos y  sentimos confundidos, pero si compartimos nuestras experiencias e impresiones con los demás, el viaje no parecerá tan desalentador y puede ser que juntos encontremos mejores caminos y modos de vivir.

Adam Jackson

 

 

¡CUANTO TRABAJAS AL AÑO!

El año tiene 365 días de 24 horas.

Dedicamos ocho horas diarias para dormir que al año suman aproximadamente 122 días, en consecuencia tenemos 243 días.

Si deducimos los domingos nos quedan 191 días.

Si a esto le restamos los 52 feriados nos quedan 139 días útiles.

Sustrayendo 4 horas diarias por concepto de comidas, se tiene al año una deducción aproximada de 60 días con lo cual  nos quedamos con 79 días netos.

Deduciendo 30 días por vacaciones se tiene un saldo de 49 días de trabajo.

Si a esto le quitamos 3 días por permisos al año (enfermedad, viaje, percance, etc.) nos quedan ahora 46 días.

Restando 6 días por fiestas patrias, navidad, año nuevo, aniversario de bodas, día del trabajo...nos quedan 40 días de trabajo efectivo.

Entonces... ¿estás cansado de trabajar?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL DON QUE PERVIVE

Teddy Stallard era sin duda el “peor”: sin interés por la escuela, desprolijo, con la ropa arrugada, siempre despeinado, uno esos chicos del colegio con cara impasible, mirada inexpresiva, fría y distraída. Cuando la señorita Thompson le hablaba, Teddy siempre respondía con monosílabos. Poco atractivo, sin motivación y actitud distante, no resultaba facil quererlo.

Si bien su maestra decía que quería a todos los de la clase por igual, en su interior no era totalmente sincera. Cada vez que corregía los trabajos de Teddy experimentaba cierto placer perverso poniendo una “x” al lado de las respuestas incorrectas y, cuando ponía “d” en la parte superior de la hoja siempre lo hacía con elegancia. Debería hacerlo pensando un poco más; tenía el legajo de Teddy y sabía más sobre él de lo que quería admitir. El legajo decía:

Primer grado : Teddy promete en su trabajo y su actitud, pero tiene una mala situación familiar.

Segundo grado : Teddy podría dar más. La madre está muy enferma. Recibe poca ayuda en su casa.

Tercer grado : Teddy es un buen chico pero demasiado serio. Aprende lentamente. Su madre murió el año pasado.

Cuarto grado : Teddy es muy lento, pero se porta bien. Su padre no muestra ningún interés.

Llegó navidad, y los chicos y las chicas de la clase de la señorita Thompson trajeron los regalos correspondientes. Los apilaron sobre el escritorio y se agolparon alrededor  para ver cómo los abría. Entre los regalos había uno de Teddy Stallard. Estaba envuelto en papel y escrito simplemente: “para la señorita Thompson, de Teddy”. Ella se sorprendió de que le hubiera llevado un regalo. Cuando lo abrió apareció una pulsera recargada de piedras falsas a la cual le faltaban la mitad de las cuentas, y un frasco de perfume barato.

Los otros chicos y chicas empezaron a burlarse de los regalos de Teddy, pero la señorita Thompson tuvo por lo menos suficiente sentido común como para hacerlos callar de inmediato poniéndose la pulsera y echándose un poco de perfume en la muñeca. Levantó el puño para que los demás chicos olieran y dijo:”¿no huele muy bien?”.y los chicos, guiándose por la maestra, rápidamente coincidieron con”ooohs” y “aaahs”.

Al final del día, cuando terminó la clase y los otros chicos ya se habían ido, Teddy se demoró. Lentamente se acercó al escritorio y dijo con suavidad:”Señorita Thompson... Señorita Thompson, huele igual que mi madre .,.. y la pulsera de ella le queda realmente muy linda también. Me alegra que le gustaran los regalos”.

Cuando Teddy se hubo ido, la señorita Thompson se arrodilló y pidió perdón a Dios.

Al día siguiente llegó una nueva maestra. La señorita Thompson se había convertido en otra persona. Ya no era solo una maestra; era una agente de Dios. Había pasado a ser una persona empeñada en querer a sus chicos y hacer por ellos cosas que trascendieran su presencia. Ayudaba a todos sus alumnos, pero especialmente a los más lentos, y sobretodo, a Teddy Stallard. Para fines de ese año lectivo, Teddy había mejorado notablemente. Estaba a la altura de la mayoría de sus compañeros y hasta aventajaba a algunos.

Durante mucho tiempo no supo nada de Teddy. Un día recibió una nota que decía:

Querida Señorita Thompson: quería que fuera la primera en saberlo. Voy a terminar segundo de la clase.

Cariños. Teddy Stallard.

Cuatro años después llegó otra nota:

Querida Señorita Thompson: acaban de decirme que soy el primer promedio de mi promoción. Quería que lo supiera antes que nadie. La universidad no fué fácil pero me gustó.

Cariños. Teddy Stallard.

Y cuatro años más tarde:

Ahora ya soy Theodore Stallard, médico ¿qué le parece? Quería que usted fuera la primera en saber que me caso el mes que viene, el 27 para ser más exacto. Quiero que venga y se siente donde se habría sentado mi madre si viviera. Usted es mi única familia ahora; papá murió el año pasado.

Cariños. Teddy Stallard

La señorita Thompson fué a la boda y se sentó donde se habría sentado la madre de Teddy. Merecía sentarse allí, había hecho por Teddy algo que él no olvidaría, nunca.

                                                                                                                   Anónimo